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¿Pueden las creencias religiosas firmes disminuir el riesgo de depresión recidivante?

19 Mar

Autor: Deborah Brauser

Una creencia religiosa firme o espiritualidad confieren un efecto protector contra las recidivas de la depresión, según un nuevo estudio publicado recientemente en American Journal of Psychiatry.

En un estudio longitudinal a largo plazo de más de 100 adultos, los participantes que informaron que la religión o la espiritualidad les eran muy importantes tuvieron una cuarta parte del riesgo de presentar depresión mayor en el siguiente decenio que los que comunicaron no tener ninguna creencia o ser poco creyentes.

Al analizar sólo a los participantes que tenían un progenitor deprimido, los que informaron darle gran importancia a la religiosidad mostraron aproximadamente una décima parte del riesgo de tener depresión mayor que los que dijeron que los conceptos no les resultaban tan importantes.

La investigadora principal, Dra. Myrna M. Weissman, PhD, profesora de epidemiología en la Columbia University y jefa de la División de Epidemiología en el New York State Psychiatric Institute, dijo a Medscape Medical News: «Estamos comenzando a percatarnos de que todas las clases de mentalización pueden tener un efecto en los desenlaces de salud a largo plazo».

La Dra. Weissman observó que se están realizando «cada vez más estudios», incluidos los que utilizan electroencefalografía (EEG) o imágenes de resonancia magnética (RM), para analizar los efectos de la meditación, el yoga, las creencias religiosas e incluso la psicoterapia.

Dijo: «Cada vez hay más interés en los sentimientos y actitudes de las personas y cómo les afectan al cerebro. Así que en este estudio quisimos analizar de qué manera influía en la evolución clínica».

En un editorial concomitante, el Dr. Dan Blazer, PhD, señala que aunque ha habido algún debate con respecto a si la interrelación de la religiosidad y la salud debiera incluso ser objeto de investigación científica, este estudio demostró que el dar gran importancia a la religión «resultó un factor significativo como pronosticador de la protección contra la recidiva de la depresión».

Aunque se mostró cauteloso con respecto a generalizar demasiado los resultados, afirma que éstos indican que los médicos debieran tomar en cuenta la religiosidad como parte de una valoración psiquiátrica normal «de manera que podamos proporcionar ayuda hasta donde nos permita nuestra capacidad».

Seguimiento a largo plazo

Según los investigadores, un metanálisis de 147 estudios y casi 100.000 participantes que se publicó en 2003 demostró que la mayor religiosidad se «relacionaba un poco» con menos síntomas de depresión.

En 1997, el Dr. Weissman y su equipo de investigadores llevaron a cabo un estudio retrospectivo (J Am Acad Child Adolesc Psychiatry.1997;36:1416-1425) en que se analizaron estos aspectos. Descubrieron que las mujeres adultas con un antecedente de depresión en el curso de la vida y que tenían la creencia de que la espiritualidad les era muy importante tuvieron menos de una décima parte del riesgo de presentar recidiva de una depresión mayor durante los 10 años previos que las que dijeron que eso no tenía importancia.

Los investigadores escriben: «Los patrones de utilización de tratamiento indican que muchos individuos buscan significación espiritual o resolución de la depresión, ya que una cuarta parte de las personas estadounidenses que buscan ayuda por un trastorno mental acuden a un miembro del clero».

Para el estudio actual, los investigadores analizaron en forma prospectiva la descendencia biológica de su población original de pacientes. Se valoró la descendencia 10 y 20 años después de la consulta inicial por sus progenitores.

En este análisis se incluyó un total de 114 descendientes adultos (100% bancos; 61,4% mujeres; media de edad en la primera consulta: 29,3 años) que comunicaron ser protestantes (n = 17) o católicos (n = 97). Se excluyeron otros credos «pues eran muy escasos para permitir análisis significativos».

Las mediciones de la religiosidad incluyeron preguntas autonotificadas, tales como cuán importante era la religión y la espiritualidad para los participantes y con cuánta frecuencia acudían a servicios religiosos.

Se utilizó para valorar la depresión el Esquema de Trastornos Afectivos y Esquizofrenia —Versión de por Vida— para adultos y niños de 6 a 17 años de edad. Se definió un diagnóstico en los dos periodos de examen como un episodio de depresión mayor que hubiese ocurrido en los 10 años previos.

Los investigadores también llevaron a cabo análisis de subgrupos basados en si la descendencia tenía un progenitor con un antecedente de depresión (alto riesgo, n = 72) o no (bajo riesgo, n = 42).

¿Vía común?

Los resultados demostraron que en el seguimiento a 10 años, 51,8% de los participantes comunicaron dar importancia moderada a la religión personal/espiritualidad, 25,4% comunicaron dar gran importancia, 19,3% comunicaron dar poca importancia y 3,5% comunicaron no darle ninguna importancia.

El grupo que comunicó dar gran importancia a la religiosidad en su primer seguimiento tuvo un riesgo significativamente más bajo de depresión mayor entre los años 10 y 20 que los otros grupos (oportunidad relativa [OR]: 0,24; intervalo de confianza [IC] del 95%: 0,06 a 0,95).

En el subgrupo con alto riesgo, los participantes que comunicaron que la religión y la espiritualidad les eran muy importante también mostraron un riesgo significativamente más bajo de tener un episodio de depresión mayor entre los años 10 y 20 que los que comunicaron menos religiosidad (OR: 0,09; IC del 95%: 0,01 a 0,82).

Sin embargo, informan los investigadores «El efecto protector se identificó principalmente contra la recidiva más que contra el inicio de la depresión».

De los participantes en el grupo con alto riesgo/muy religioso que también había presentado un episodio previo de depresión (n = 11), sólo un miembro (9%) de la descendencia tuvo una recidiva de depresión entre los dos periodos de seguimiento en comparación con 12 de los 24 miembros de la descendencia (50%) de los grupos con alto riesgo y menos religiosidad (p = 0,02).

Ni la clase de credo ni la frecuencia de asistencia a servicios religiosos fue un factor importante para pronosticar la depresión mayor.

Los investigadores hacen notar que los hallazgos no explican el fundamento de las interrelaciones observadas pero indican la posibilidad de que la depresión y la importancia religiosa compartan una vía común.

Señalan en su artículo: «Una gran importancia personal de la religión y la espiritualidad podrían constituir un patrón combinado de «reavivación» que protege contra la recidiva de la depresión».

Otra pieza del rompecabezas

Los investigadores tienen pensado explorar más este tema mediante el empleo de la electroencefalografía y la resonancia magnética para comprender mejor posibles correlaciones biológicas.

La autora dijo: «Hay muchas maneras diferentes por las que las personas logran una actitud positiva, como el ejercicio y el yoga. Y ahora podemos añadir a la lista la creencia religiosa firme».

La Dra. Weissman dijo: «No estamos diciendo que todo mundo pueda hacerlo y es probable que un grupo muy selecto sea el que pueda adoptar esa clase de estado. Sin embargo, Tampoco debiéramos descartarlo».

«El mensaje fundamental es que si alguien ya tiene estas creencias, no lo desalentaría o ni siquiera trataría de analizarlo demasiado».

El Dr. Blazer señala que este es el primer estudio de resultados a largo plazo sobre la repercusión de la religiosidad en la depresión, «confirma lo comunicado en una bibliografía creciente… que generalmente apoya los beneficios de la espiritualidad» en la disminución de los trastornos depresivos.

No obstante, señala que los resultados no se debieran generalizar en exceso.

El Dr. Blazer afirma: «Dados los puntos de vista firmes y apasionados de la sociedad estadounidense en torno a la religión, tales estudios plantean al menos tres preguntas».

Éstas comprenden el si se debieran o no publicar en revistas científicas, cuáles son las fortalezas de los métodos y «cómo se debieran interpretar estos hallazgos empíricos dado el fundamento sólido y a menudo no empírico a favor (o en contra) de las creencias religiosas (o sus peligros)?»

El Dr. Blazer también hace notar que este fue un estudio de observación y por tanto no está concebido para proporcionar «prueba de concepto» para las intervenciones.

Afirma: «El estudio analizado es un estudio empírico y debe considerarse como lo que es, no más y no menos. Dejemos que los datos hablen por sí mismos».

«No obstante, los hallazgos señalan que los médicos debieran tomar en cuenta la religión o la espiritualidad de sus pacientes como parte de la valoración psiquiátrica, una pieza más del rompecabezas que conforma a la persona».

El estudio fue financiado por una donación del National Institute of Mental Health y por la John Templeton Foundation. Los autores del estudio han comunicado varias relaciones económicas, las cuales se enumeran en el artículo original. El Dr. Blazer ha declarado no tener ninguna relación económica pertinente.

Referencias:

Am J Psychiatry. 2012;169:10-12, 89-94. AbstractEditorial

 Fuente: WebMD

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Publicado por en 19 marzo, 2012 en salud, Varios

 

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