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Efectos del medio ambiente en la salud infantil

29 Nov

Las tasas de mortalidad infantil han disminuido significativamente, pero los peligros ambientales siguen causando la muerte de por lo menos 3 millones de niños menores de 5 años anualmente. Este grupo etario constituye menos del 10 por ciento de la población mundial, pero representa más del 40 por ciento de la población que padece problemas de salud relacionados con el medio ambiente.

Riesgos ambientales que atentan contra la salud de los niños Contaminación ambiental en lugares cerrados El 50 por ciento de los hogares en todo el mundo se vale de combustibles provenientes de la biomasa, incluidos leña, estiércol de animal o residuos de cultivos que producen partículas, monóxido de carbono y otros elementos contaminantes del ambiente interior. Los niños de menor edad, que suelen pasar más tiempo en lugares cerrados, están más expuestos a los subproductos nocivos provenientes de la cocción y la calefacción. La contaminación ambiental interna, en gran medida la causa de infecciones respiratorias agudas. El contacto con contaminantes en ambientes cerrados puede causar o agravar enfermedades respiratorias agudas, entre las que destacan las infecciones de las vías respiratorias  como resfriados y el dolor de garganta, o enfermedades pulmonares como la neumonía. Estas últimas, en su etapa aguda, constituyen una de las principales causas de mortalidad infantil en países en desarrollo. Las infecciones respiratorias terminan acarreando también, en muchos casos, un aumento en la mortalidad causada por el sarampión, la malaria y otras enfermedades.

El asma En las investigaciones  sobre los países menos desarrollados se ha encontrado un vínculo entre la contaminación ambiental en espacios cerrados y el cáncer pulmonar, el índice de mortinatos, el bajo peso al nacer, las afecciones cardíacas y las enfermedades respiratorias crónicas entre las que figura el asma. Esta enfermedad, caracterizada por ataques recurrentes de dificultades en la respiración, afecta entre 100 millones y 150 millones de personas en todo el mundo

Contaminación ambiental en espacios abiertos La información recabada parece indicar que más del 60 por ciento de las enfermedades asociadas con infecciones respiratorias están vinculadas con la exposición a la contaminación ambiental. Los contaminantes externos como el dióxido de azufre, ozono, óxido nítrico, monóxido de carbono y los compuestos orgánicos volátiles provienen sobre todo de las emisiones de automotores y centrales eléctricas, de la quema al aire libre de desechos sólidos y del sector de la construcción y actividades relacionadas.

Insalubridad del agua para beber y falta de higiene El agua contaminada y la falta de higiene causan una amplia gama de enfermedades, muchas de las cuales son potencialmente  mortales. Las más letales son las enfermedades  que causan diarrea; entre el 80 y 90 por ciento de éstas son el resultado de las condiciones ambientales. Las malas condiciones sanitarias y la falta de higiene tanto a nivel personal, como en los hogares y en la comunidad, son la causa principal de infecciones diarreicas.

Portadores de las enfermedades infecciosas Las enfermedades transmitidas por portadores, como la malaria, representan un problema internacional de salud pública, en especial en las regiones tropicales de África, Asia y América Latina.

La prevalencia de la malaria está fuertemente asociada con factores ambientales como la irrigación y otras prácticas agrícolas, el desmonte de tierras y los cambios en tendencias demográficas. El aumento de la temperatura y de las precipitaciones pluviales y otros cambios climáticos, así como la deforestación, aumentan el riesgo de propagación de la malaria y epidemias relacionadas.

Exposición a sustancias químicas nocivas La industrialización y la modernización de la agricultura acarrean muchos beneficios, pero a menudo conllevan también problemas, como la exposición a plaguicidas, que afectan de forma desproporcionada a los niños. Entre otras toxinas a las que los niños pueden quedar potencialmente expuestos figuran los desechos con plomo proveniente de instalaciones en las que se reciclan pilas, el mercurio en los peces, así como nitratos, arsénico y fluoruro en el agua potable.

En muchos países, los niños que trabajan están expuestos a sustancias químicas tóxicas. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 352 millones de niños entre 5 y 17 años realizan “actividades económicas”, una categoría aceptada internacionalmente cuya definición abarca al trabajo sin remuneración e ilegal así como al trabajo realizado en el sector informal. De los niños que realizan “actividades económicas”, un 50 por ciento trabaja en oficios o condiciones peligrosas, a las que se define como aquellas que “tienen más probabilidad de producir efectos adversos en la salud, la seguridad o el desarrollo moral de los niños”. La OIT ha clasificado a la minería, la construcción, la manufactura, el comercio, el servicio personal, el transporte, la agricultura así como todo trabajo al que un menor dedica más de 43 horas a la semana, como actividades peligrosas. A menudo, estas actividades peligrosas tienen lugar en el marco del sector informal: Algunos niños se dedican a hurgar en basureros, en los que tal vez entran en contacto con pilas desechadas, desperdicios médicos y plaguicidas.

El plomo De acuerdo con Environmental Defense y Alliance to End Childhood Lead Poisoning, el contacto con plomo sigue siendo el principal problema ambiental que afecta a los niños en los países en desarrollo. El plomo puede ser peligroso aún en bajas concentraciones, en especial para el desarrollo cerebral. El contacto con plomo también puede causar anemia, enfermedades renales, impedimentos auditivos y afectar la fecundidad. Las concentraciones  altas pueden llevar al estado de coma o causar la muerte. Los niños también pueden sufrir exposición al plomo si entran en contacto con las juntas soldadas de latas de alimentos, pinturas a base de plomo, barnices cerámicos, tuberías de agua potable, cosméticos y remedios caseros. El plomo puede contaminar el suelo, el aire, el agua potable y los alimentos, lo cual representa una amenaza grave para los niños menores, cuyos aparatos digestivos tienden a absorber el plomo en proporciones considerablemente mayores que los de los adultos.

Plaguicidas Los plaguicidas, entre ellos algunos cuyo uso está prohibido en países más desarrollados, continúan siendo muy utilizados en los países menos desarrollados. Las personas que entran en contacto con plaguicidas que se aplican a cultivos, o consumen alimentos con residuos de plaguicidas, pueden enfermarse. Los pueden infiltrarse en el suelo y contaminar el agua potable. Si bien los plaguicidas se usan en todo el mundo, algunas regiones están más afectadas que otras. En Centroamérica, por ejemplo, se usan 1,5 kg de plaguicidas por persona cada año, cantidad que supera a la de cualquier otra región.

Los síntomas de intoxicación con plaguicidas: incluyen irritación de los ojos, de la piel y del aparato respiratorio, así como índices mayores de afecciones a largo plazo como el cáncer. Pero los niños son mucho más susceptibles a estos peligros puesto que ingieren y beben más por unidad de peso corporal, aumentando así la probabilidad de que se absorban cantidades mayores de aquellos plaguicidas presentes en el agua y en los alimentos.

Medidas contra los riesgos

El reconocimiento de los riesgos ambientales que atentan contra la salud de los niños es un problema internacional  cada vez mayor. Los problemas ambientales de alcance global, como el cambio climático, pueden agravar estos riesgos, y los esfuerzos que se realicen para mitigar ciertos peligros pueden conducir a otros. La experiencia y las investigaciones indican que son varias las medidas que las autoridades a cargo de la formulación de políticas y planificación pueden tomar para enfrentar el problema de los riesgos ambientales que amenazan la salud de los niños.

En muchos países menos desarrollados los gobiernos municipales se encargan cada vez más de la gestión de los recursos locales, sobre todo del agua potable y de la leña. Otra posibilidad es la adopción de iniciativas comunitarias y familiares con miras a reducir el contacto y la transmisión de infecciones respiratorias agudas, de enfermedades diarreicas y de la malaria. A manera de ejemplo, en varias monografías se ha señalado que los buenos hábitos de higiene personal y familiar pueden reducir la incidencia de enfermedades diarreicas, incluso en aquellos casos en los que no hay acceso a agua potable ni a sistemas sanitarios modernos.

Crear conciencia y divulgar información sobre los problemas ambientales que afectan la salud de los niños.

Es necesario adoptar medidas para enseñar a niños, familias y comunidades a identificar  las amenazas ambientales  que pueden afectar a los niños, a seguir conductas que reduzcan el riesgo de exposición, y a colaborar con las autoridades  locales y el sector privado en la elaboración de programas de prevención e intervención. Promover la identificación, la evaluación y el análisis de los factores ambientales que afectan la salud y el desarrollo infantiles.

Reducir la exposición de niños a contaminantes mediante la instrucción, la reglamentación, la utilización de combustibles menos contaminantes y la reducción del humo de tabaco en el ambiente.

Los especialistas internacionales en salud recomiendan combinar programas informativos con disposiciones legislativas que prohíban el uso del tabaco en entornos frecuentados por niños. La normativa en materia de contaminación atmosférica debe aplicarse en las ciudades y prever la eliminación gradual de la gasolina con plomo, la reducción de las emisiones de las centrales que funcionan a base de carbón, y el reemplazo de los combustibles fósiles por otras fuentes de energía menos contaminantes.

Invertir en programas con el fin de mejorar el acceso al agua potable e instalaciones sanitarias, y fomentar mejores hábitos de higiene.

Entre las distintas medidas que pueden utilizarse para combatir la diarrea figuran: utilizar una combinación adecuada de terapias basadas en fármacos con prácticas óptimas de lactancia, mejorar la nutrición, proveer un mejor acceso al agua potable y a instalaciones sanitarias y mejorar la higiene personal y doméstica. Además, los buenos hábitos de higiene, como lavarse las manos periódicamente, pueden reducir los casos de diarrea hasta en un 35 por ciento.

Fortalecer las medidas de prevención y el tratamiento de la malaria.

La implementación  de mejoras en las condiciones ambientales como el uso de técnicas adecuadas de irrigación y desagüe, combinadas con la utilización de mallas tratadas con insecticida para cubrir camas y la aplicación de un tratamiento médico adecuado pueden ser muy efectivas para reducir la propagación de la malaria. El tratamiento contra la malaria de mujeres embarazadas y la prevención y el control de epidemias.

Reducir la exposición de niños al plomo, y realizar pruebas para detectar casos de intoxicación por plomo.

Entre las medidas dirigidas a eliminar progresivamente la gasolina con plomo y a reducir o eliminar otras fuentes de exposición al plomo se encuentran la prohibición de las sustancias químicas más perjudiciales, la instrucción de los usuarios, y el fomento de la gestión integrada de plagas a fin de reducir al mínimo la aplicación de plaguicidas.

Evaluar y atender la condición crítica de los niños que trabajan en lugares peligrosos.

La probabilidad de que los niños se vean expuestos a sustancias químicas que se encuentran en los lugares donde viven, juegan y trabajan es cada vez mayor.

Para ello más de 120 países habían ratificado el Convenio para la Prohibición de las Peores Formas de Trabajo Infantil que insta a retirar a los menores de 16 años de situaciones de trabajo intolerables y peligrosas mediante la identificación de riesgos y la creación de sistemas eficaces de vigilancia.

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Publicado por en 29 noviembre, 2012 en Pediatria, salud

 

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