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Orígenes y desarrollo de las enfermedades del adulto

18 Nov

Introducción

En los últimos años múltiples estudios  han intentado explicar la relación que  existe entre  las alteraciones durante el  crecimiento  fetal y el desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles  (ECNT): la obesidad, ligada  a diabetes  mellitus tipo 2, dislipemia, hipertensión arterial,  enfermedad cardiovascular. En conjunto  o  por separado, determinan en algún momento de su evolución una disminución de la expectativa de vida con un incremento de la morbimortalidad.

Desde  décadas  pasadas, distintos  grupos  de trabajo han formulado hipótesis tendientes a explicar las adaptaciones del hombre  con determinados genotipos a los cambios alimentarios y estilos de vida que se suceden  con  el paso  del  tiempo. Actualmente  se conocen  nuevos factores que interactúan con la expresión de genes “in útero” y establecen patrones fisiológicos y estructurales relacionados  con la supervivencia del individuo. Estímulos o agresiones en etapas  tempranas de la vida originan consecuencias permanentes en el individuo y en generaciones futuras, esto es algo establecido en el campo de la biología del desarrollo  y se denomina “programación o imprinting”. La nutrición puede  inducir a efectos  permanentes en el metabolismo, crecimiento, neuro-desarrollo y procesos  patológicos. Uno de los mecanismos intervinientes en el desarrollo y la programación de las enfermedades crónicas no transmisibles  se debe a cambios epigenéticos.

Hipótesis de Barker: Observaciones epidemiológicas 

Diversos estudios  parecen  indicar que  una  nutrición deficiente  durante diferentes  períodos  del embarazo tiene consecuencias en el largo plazo para el producto feto, en la forma de enfermedades cardiovasculares.

David Barker en 1980, formuló una hipótesis que relacionaba la incidencia de determinadas enfermedades del adulto: diabetes mellitus, hipertensión,  dislipemias, muerte  por enfermedad  coronaria,  con el ambiente intraútero.

El  postulado sostenía  que  “la nutrición,  la salud y el desarrollo  deficientes  en   niñas y mujeres jóvenes constituyen  una causa de elevada prevalencia de mortalidad  cardiovascular en la generación siguiente”. Posteriormente el concepto fue ampliado adjudicándose un origen prenatal  y se aplicó a otras enfermedades crónicas tales como diabetes, enfermedades pulmonares, alteraciones del desarrollo cognitivo y cáncer.

La restricción del crecimiento intraútero  y el pequeño tamaño  al nacer, se han identificado como un marcador de nutrición negativo. El efecto en el corto plazo permite  la supervivencia  del feto, mientras  que a largo  plazo  predispone a enfermedades de  la edad adulta.

En el  libro  “Mothers, babies and  health  in later life”, Barker plantea  que la nutrición intraútero  y la exposición a infecciones luego del nacimiento determinan la susceptibilidad  de enfermar en la edad adulta

Para comprender la susceptibilidad  a las enfermedades, desarrolló la idea de la “plasticidad del desarrollo”: el concepto describe  la capacidad  de  un  genotipo para  producir más de una alternativa estructural o fisiológica como respuesta a las necesidades ambientales y, a su vez, dependiendo de ellas. La “plasticidad  del  desarrollo” requiere   así  de  una modulación   estable   de  la  expresión  genética,  que parece mediada  en parte por procesos “epigenéticos”, los cuales se definen como cambios estables y hereditarios o potencialmente hereditarios  en la expresión de los genes sin que ocurran cambios en la secuencia del ADN.

Hipótesis Fenotipo  / Genotipo ahorrador

La teoría  del  fenotipo  ahorrador   fue  descripta  por Barker, a partir de observaciones epidemiológicas, con el fin de explicar las asociaciones  entre  el crecimiento fetal deficiente y el desarrollo posterior de intolerancia a la glucosa y síndrome metabólico. Diversos estudios muestran cómo la malnutrición  materna durante la gestación  desencadena una serie de adaptaciones  metabólicas   fetales,  el  llamado  “fenotipo ahorrador”, que en la edad adulta aumenta el riesgo de desarrollar  enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, hiperinsulinemia, hiperleptinemia y resistencia a la insulina, especialmente en condiciones  de sobre-aporte energético.

Elementos involucrados en la  hipótesis del “fenotipo ahorrador”

1. El crecimiento  fetal (y probablemente infantil) se ve alterado  cuantitativamente y cualitativamente de acuerdo con las características del entorno nutricional, la influencia de las hormonas  maternas  y las de origen  placentario.

2. Estos cambios  biológicamente presentan  beneficios, dentro  de los cuales hay “ahorro de energía” para  suplir  las  necesidades  del  crecimiento  en forma relativa, priorizando algunos órganos  vitales como el sistema nervioso central. Así, habrá diferencias en órganos como por ejemplo en el hígado, el músculo, y en el tejido adiposo, en los que se pondrá de manifiesto la programación para sobrevivir en estas  condiciones.

3. El fenotipo ahorrador es beneficioso en determinadas circunstancias pero se torna perjudicial en ocasiones durante la edad adulta cuando se presentan cuadros  de sobrealimentación.

4. Las consecuencias metabólicas  de la situación se pueden deber  a un cuadro  de insulino-resistencia y/ o escasa  secreción de insulina.

Neel, en 1962 plantea  la hipótesis conocida como: “el genotipo ahorrador  o  atesorador”, para  explicar  en algún punto  la etiología de la diabetes  y de la obesidad.

La predisposición  para padecer  diabetes  podría surgir de  variaciones  genéticas  las cuales  tendrían  ciertas ventajas para la supervivencia del hombre  en épocas de hambrunas pero  que  más tarde, ante  situaciones de abundancia,  se transformaría en una desventaja. Con el paso del tiempo el hombre se fue adaptando al medio  ambiente y fue evolucionando y elaborando estrategias de supervivencia desde  la época  de cazador y recolector  hasta  la actualidad. El metabolismo “atesorador”  o  ahorrador  le posibilitó  sobrevivir en ambientes hostiles, con períodos  de hambrunas que alternaban con periodos de abundancia.  La secuencia de  eventos   le  permitía  atesorar  reservas  calóricas como  grasa  para  superar  los períodos  de  escasez  o falta crítica de alimentos.

Según Neel los mecanismos involucrados eran un rápido  incremento de  la insulina  después   de  comidas abundantes que minimizaba la hiperglicemia y la glucosuria postprandial y permitía el depósito de energía.

Epigenética

La programación de  las enfermedades puede   darse  por medio de alteraciones permanentes de una o más vías relevantes  durante el desarrollo  embrionario  y fetal.  El término “epigenética” hace referencia a los patrones hereditarios  de la expresión de genes  que se mantienen estables  y que se suceden  sin que haya cambios en la secuencia de ADN. Los principales cambios son la metilación del ADN y la diferente  organización  de las histonas. La metilación  del genoma varía según  los tejidos, los individuos o las condiciones  de enfermedad, y se ha visto que la desorganización de la impronta genómica  está relacionada con diferentes enfermedades en adultos.

Los  cambios  o modificaciones  epigenéticos pueden tener efectos en el largo plazo sobre la salud e, inclusive, transmitirse de generación en generación. De allí la importancia  de comprender cómo este fenómeno se incrementa de forma progresiva en la actualidad. Considerar  los factores  del  ambiente intrauterino  e identificarlos precozmente puede ser de utilidad cuando en la práctica se evalúa un niño “pequeño”, es decir, esta situación clínica se debe  entender como el resultado de una suma de factores desde etapas tempranas del desarrollo.

En el adulto joven es importante conocer estas situaciones con el objetivo de iniciar tempranamente políticas de salud tendientes a prevenir  las ECNT. La alimentación  juega un papel  trascendental: evaluar  los  hábitos  alimentarios,  con  un  marcado empeoramiento en los últimos tiempos, y que se presentan  de formas muy heterogéneas de acuerdo  con las pautas culturales  que condicionan las actuales “distintas maneras de comer”.

La posibilidad de determinar  un perfil genético  de un individuo y lograr la integración  de los datos  en una compleja red de interacciones  metabólicas  constituye un desafío en el área de la nutrición. Se puede  inferir que intervenciones nutricionales  en períodos  críticos del desarrollo (pre-concepcional, gestacional, post-natal, infantil) determina una reducción  del riesgo de padecer  enfermedades como la obesidad  en la edad adulta. La capacidad  de modificar la expresión génica través de la alimentación se debería considerar un desafío en el campo de la nutrición y se la salud pública. Si se identifican estas condiciones  es posible considerar  una  adecuada vigilancia  epidemiológica   de  los sujetos susceptibles  mejorando  su estilo de vida, controlando  las características  de  la dieta  para  evitar o retardar  la aparición de las enfermedades antes mencionadas. Es probable  que una correcta rehabilitación nutricional pueda evitar complicaciones agudas y crónicas en poblaciones  de riesgo.

La transmisión transgeneracional hace pensar que los cambios beneficiarían a generaciones futuras, aun cuando no existan manifestaciones clínicas evidentes.

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Bibliografía

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Publicado por en 18 noviembre, 2013 en Uncategorized

 

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