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Archivo de la categoría: Pediatria

Cómo sobrevivir a los virus del estómago: Realidades y consejos para los padres  

Los virus del estómago suele ser una de las peores enfermedades que nuestros niños pueden traer de la  escuela.

7 datos útiles y consejos para combatir el virus estomacal en su hogar

  1. Lavarse las manos y mantener los objetos limpios son las mejores defensas que tiene para evitar contraer el virus del estómago. No es de extrañar que es muy importante hacerlo después de tocar y ayudar a su niño y cuando prepara o consume alimentos. Algunos virus sobreviven en las superficies por varios días. Y algunos virus como el norovirus pueden sobrevivir hasta el uso del gel antiséptico para manos. Usted tiene que usar agua y jabón para matarlo. Pero incluso prestando la más minuciosa atención a la higiene, todos los padres saben que cuando se trata del vómito, es muy difícil no perderle la pista a cada partícula que se esparce por doquier. Así que simplemente trate de hacer lo mejor que pueda. Cambie las sábanas y limpie bien el área donde hay vómito después de atender a su niño. El agua enjabonada y tibia es un buen aliado. Limpie las superficies de inmediato, use agua caliente para lavarlas y use la secadora a una temperatura alta.
  2. 24 horas (más o menos): Por lo general, la mayoría de los pediatras le dirán que el vómito no dura más de 24 horas, en el caso de una gastroenteritis típica. De vez en cuando dura más. Muchos niños no siguen esta regla. Una vez que el virus que causa la gastroenteritis se afianza en un niño comienza el vómito. Los niños tienden a votimar más que los adultos. En parte debido a que el reflejo nauseoso no está completamente desarrollado. Como la mayoría de los virus que causan la “gripe estomacal”, la infección se traslada del estómago a los intestinos, el vómito cesa más o menos en 24 horas. Pero no siempre es así. Si beben líquidos demasiado rápido o los niños consumen más alimentos sólidos de los que pueden tolerar, incluso después de 1 a 2 días después de haber iniciado a comer de nuevo, se puede presentar un episodio de vómito. Si ocurre uno de estos episodios de vómito, empiece de nuevo desde el comienzo (sorbos de líquidos transparentes) y poco a poco introduzca alimentos a su dieta. Si el vómito se empeora después de 24 horas, es tiempo de contactar al médico del niño.
  3. Desagradable y terrible. Es muy desagradable cuidar a un niño cuando está vomitando. No sólo es desagradable y repugnante sacar y limpiar pedazos del vómito de los tapetes, sábanas y prendas, también es preocupante ayudar a un niño que está vomitando debido a sus propios miedos de contraer el virus. Usted no es el único que se siente así. Es totalmente repulsivo ver a su propio niño enfermo, indispuesto y con nauseas. Y es horrible imaginar tener que cuidar a alguien cuando uno se siente muy enfermo. Haga lo que mejor que pueda para mantener sus manos limpias y continúe brindándole su amor. Todos sabemos, que cuando nos toca limpiar vómito del tapete a las 3:00 de la mañana, las cosas solo pueden mejorar.
  4. Medicamentos: Nos es común que los niños necesiten medicamentos cuando se están recuperando de una gastroenteritis. Aunque algunos medicamentos para la náusea están disponibles para el uso en los niños, la mayoría de los niños no necesitan medicamentos recetados. Hable con su pediatra si usted cree que el niño ha estado vomitando por más de 24 horas o si se está deshidratando. Recuerde que el vómito es una reacción del cuerpo del niño para protegerse y liberarse de la infección.
  5. Jabón, agua y lejía: William Osler dijo, “El jabón, el agua y el sentido común son los mejores desinfectantes”. Limpiar su hogar para evitar que se esparza la infección es absolutamente necesario. No necesita de productos costosos, solo de mantener las cosas bajo control. Con algunos de los virus más infecciosos que causan el vómito, sólo 10 partículas virales pueden causar la enfermedad. Además de agua y jabón trate de usar una solución con lejía diluida para limpiar las superficies rígidas.
  6. Trabajo de detective: Algunas veces simplemente no podrá determinar de dónde provino todo. Pero esto no debe disuadirla de desempeñar el papel de un detective de las infecciones. El único problema es que esto es simplemente una pérdida de tiempo.
  7. Deleitable, amor consentido: Hay una ventaja ocasional del terrible virus del estómago. Y es que tenemos que encontrar algo bueno para mantenernos optimistas. Cuando nuestros niños están enfermos es cuando verdaderamente nos desmuestran que nos necesitan más que a nadie en el mundo.

También existe la resiliencia. Los niños se recuperan bastante bien de una gastroenteritis viral típica, aunque la diarrea puede durar por varios días. Sin embargo, la capacidad que tienen nuestros niños para recuperarse siempre nos sorprenderá.

Fuente: Mama Doc Medicine: Finding Calm and Confidence in Parenting, Child Health, and Work-Life Balance (Copyright © 2014 Wendy Sue Swanson)

 
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Publicado por en 29 febrero, 2016 en Pediatria, salud

 

La asociación entre la obesidad materna y del desarrollo neurológico en el niño

mamaehijaobesidad La prevalencia de la #obesidad se ha duplicado en todo el mundo desde 1980, y la Organización Mundial de la Salud estima que más de 1,4 millones de personas de todo el mundo son obesos. En los EE.UU., se estima que el 36% de todos los adultos y el 32% de todas las mujeres en edad reproductiva (edad 20-39 años) tienen ahora un índice de masa corporal (IMC) superior a 30 kg / m2, la definición más utilizada de obesidad. El impacto de la obesidad en la salud humana ha sido bien crónica, incluyendo un aumento en las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la diabetes tipo 2, cáncer y enfermedades degenerativa de huesos. Se ha expresado que el aumento de la obesidad y sus comorbilidades resultantes podría conducir a la primera caída sostenida de la esperanza de vida en los EE.UU. en la era moderna. En los últimos años, los efectos transgeneracionales de la obesidad se observan  cada vez más acentuados. Muchos estudios han mostrado una asociación entre la obesidad antes del embarazo de la madre y / o el aumento excesivo de peso durante el embarazo y la adiposidad de la descendencia, incluyendo  sobrepeso gestacional y el niño y Hallazgos de obesidad en adultos compatibles con el síndrome metabólico en niños pequeños también se han visto siguiendo a estos expuestos. Una pequeña pero creciente literatura se centra en la relación entre la obesidad materna (es decir, la obesidad en la madre que inicia al comienzo del embarazo o antes) y el desarrollo neurológico de los descendientes. Cuatro resultados se abordarán-parálisis cerebral (PC), el autismo, deterioro cognitivo y de comportamiento / trastornos psiquiátricos.

Archivo Original. Fuente:  The Journal of Pediatrics Obesidad y desarrollo neurológico

 
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Publicado por en 25 noviembre, 2014 en nutricion, obesidad, Pediatria

 

Duración del sueño y obesidad en adolescentes

Dres. Jonathan A. Mitchell, Daniel Rodriguez, Kathryn H. Schmitz and Janet Audrain-McGovern
Pediatrics 2013; 131; e1428

Obesidad y adolescentes

Las consecuencias físicas y psicosociales adversas de la obesidad en la adolescencia han sido bien documentadas. Desafortunadamente, la prevalencia de la obesidad adolescente se ha triplicado durante las últimas 4 décadas (de 5,2% a 18,4%). El aumento de la obesidad ha sido en paralelo con la disminución de la cantidad de tiempo que los adolescentes pasan durmiendo, lo que conduce a la hipótesis de que la corta duración del sueño ha contribuido al aumento de la obesidad en los adolescentes.

Estudios transversales apoyan la asociación entre el menor sueño y la obesidad adolescente, pero se necesitan estudios longitudinales para establecer la precedencia temporal. Tres estudios longitudinales han investigado la relación entre la duración del sueño y el índice de masa corporal (IMC) adolescente. Dos de esos estudios hallaron evidencia de que dormir menos condujo a un aumento de la probabilidad de ser clasificado como obeso durante el seguimiento, mientras que el otro estudio no encontró asociación. Estos estudios sólo midieron el IMC en 2 puntos de tiempo y clasificaron a los participantes en grupos de no obesos y obesos en base al IMC. Tal categorización de una variable continua reduce el poder estadístico y considera a aquellos de cercana proximidad al punto de corte de una categoría, pero en lados opuestos, pasando a ser muy diferentes, en lugar de ser muy similares.

Los estudios longitudinales que incorporan > 2 olas de estudio y consideran los cambios en toda la distribución del IMC facilitarán más la comprensión de la relación entre la duración del sueño y el desarrollo de sobrepeso y obesidad en adolescentes. Los autores utilizaron regresión cuantil, ya que permite la investigación de factores predictivos (por ejemplo, el sueño) a través de la distribución de una variable de resultado (por ejemplo, el índice de masa corporal). El objetivo de este estudio fue determinar si la duración del sueño se asocia con cambios en la distribución del IMC, durante más de 8 olas de estudio, desde los 14 a los 18 años de edad.

Métodos
Participantes
Los participantes fueron reclutados de 4 escuelas suburbanas de Philadelphia, cuando estaban ingresando en el noveno grado. Se identificaron 1517 adolescentes, pero 30 no fueron elegibles para participar por tener una ubicación especial en el aula o por no ser nativos de habla inglesa. Se invitó a los 1487 adolescentes elegibles a participar, y de éstos, 1478 (99%) tuvieron el consentimiento de sus padres y se enrolaron en el estudio. La encuesta inicial fue completada por 1429 (97%) de los participantes inscriptos; las razones para no completar la encuesta incluyeron estar ausente de la escuela (n=30) y retirarse del estudio (n=19). La Junta de Revisión Institucional de la Universidad de Pennsylvania concedió la aprobación ética para el estudio.
IMC
Los participantes informaron su altura y peso, a partir de los cuales se calculó el IMC (kg/m2). Los datos de altura y de peso fueron clasificados como valores altos y bajos y se compararon con los datos de las tablas de crecimiento de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades. Existe una alta correlación entre el IMC adolescente calculado a partir del peso y la talla por auto-reporte y  medidos. Además, se observaron medidas similares de asociación entre los factores de riesgo para obesidad y el IMC cuando se calculó a partir del peso y la talla por auto-informe y medidos.
Sueño
La duración típica del sueño de una noche escolar (de domingo a jueves) y de una noche de fin de semana (viernes y sábado) fue auto-informada por los participantes, para los 15 minutos más cercanos. Estudios anteriores han demostrado que los adolescentes son capaces de recordar su duración típica de sueño. Las horas de sueño reportadas fueron proyectadas para valores bajos y altos, y  si un participante informaba tiempos de sueño que estuvieran 3 desviaciones estándar por encima o por debajo de las horas de sueño específicas para edad y sexo, entonces sus datos de sueño fueron tomados como ausentes. Se calculó el tiempo promedio por día dedicado a dormir  para cada participante [(noche escolar x 5) + (noche de fin de semana x 2) / 7].
Covariables
Se ha demostrado en estudios previos que el IMC y la duración del sueño difieren por sexo, raza y nivel socioeconómico. Por lo tanto, estas variables demográficas se incluyeron en el estudio actual como covariables. La educación materna se utilizó como un marcador de la situación socioeconómica. La actividad física se ha asociado con un menor IMC en adolescentes, y se ha sugerido que la mayor actividad física se asocia con más tiempo de sueño. Por estas razones, el auto-reporte del tiempo pasado realizando actividad física de moderada a vigorosa (AFMV) se incluyó como covariable. Se ha observado que el mayor tiempo dedicado a ver televisión y a jugar videojuegos se asocia con un mayor IMC en adolescentes, y los datos sugieren que más tiempo frente a la pantalla se asocia con menor sueño. Por estos motivos, el auto-reporte del tiempo frente a la pantalla (televisión /video y juegos de video) se incluyó como covariable.
Análisis estadístico
Se presentan las medias y las desviaciones estándar para las variables continuas, y las frecuencias y porcentajes para las variables categóricas. Se utilizó regresión cuantil longitudinal para abordar el objetivo de este estudio. La regresión cuantil se relaciona con la regresión de cuadrados mínimos pero puede modelar cualquier punto en la distribución de una variable de resultado continua, no sólo la media. Por otra parte, la variable dependiente es modelada como una variable continua, y la categorización no tiene lugar. Los coeficientes de regresión cuantil se interpretan de la misma manera exacta que los de la regresión de cuadrados mínimos ordinarios. En el estudio actual, los coeficientes representan el cambio en el IMC para cada unidad de cambio en la variable independiente; la ola de estudio y el sueño se modelaron como variables independientes principales. La ola de estudio fue codificada como 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, y 7 para representar cada periodo de 6 meses de seguimiento, y el sueño fue modelado como una variable continua (horas por día). Se presentan los coeficientes en los percentilos 10, 25, 50, 75, y 90 del IMC. El Modelo 1 incluyó la ola de estudio y el sexo para describir el cambio en la distribución del IMC de los 14 a los 18 años. En el Modelo 2, el sueño fue añadido como variable independiente para determinar si el sueño se asociaba con los cambios en la distribución del IMC de los 14 a los 18 años. La raza y la educación materna también fueron añadidas como variables independientes (Modelo 3); a continuación, se añadió el auto-reporte de AFMV como una variable independiente (Modelo 4), y finalmente, se añadió el tiempo frente a la pantalla como variable independiente (Modelo 5). El propósito de los Modelos 3, 4, y 5 fue determinar si cualquier asociación existente entre el sueño y el cambio en el IMC se mantuvo después de su inclusión en el modelo. Los datos se organizaron en un formato largo; para considerar las medidas repetidas en los participantes, se modeló una estructura de correlación autorregresiva de primer orden, y se estimaron los intervalos de confianza del 95% (IC) a partir de 500 muestras iniciales. Todos los análisis se llevaron a cabo mediante el uso de Stata 12.1 (StataCorp LP, College Station, TX).
Resultados 
De los participantes enrolados, 1336 proporcionaron datos válidos del IMC al inicio del estudio (93%), y 1089 (82%) proporcionaron datos del IMC en la octava ola de estudio. La muestra tuvo proporciones iguales de hombres y mujeres, la mayor parte de raza blanca (> 74%), y la mayoría de los participantes tenía madres que alcanzaron una educación secundaria o superior (> 70%). El promedio de horas de sueño fue de ~ 8 horas por día, tanto para hombres como para mujeres al inicio del estudio, y esto se redujo a un promedio de 7,5 horas por día en la octava ola de estudio.
El IMC promedio al inicio fue de 22,2 kg/m2 para los varones y de 21,7 kg/m2 para las mujeres. El IMC aumentó en promedio a 24,1 kg/m2 para los varones y a 23 kg/m2 para las mujeres en la octava ola de estudio. En el Modelo 1, en el percentilo 50 del IMC, el IMC aumentó a una tasa de 0,24kg/m2 cada 6 meses. En comparación, los aumentos en el IMC fueron más bajos en el  percentilo 10 del IMC (0,22 kg/m2 cada 6 meses) y mayores en el percentilo 90 del IMC (0,35 kg/m2 cada 6 meses).
Cada hora adicional de sueño se asoció con una reducción en el IMC, en todos los percentilos del IMC (Modelo 2). La fuerza de esta asociación fue más débil en el extremo inferior de la distribución del IMC, en comparación con el extremo superior de la distribución del IMC (Modelo 2). Por ejemplo, cada hora adicional de sueño se asoció con una reducción de 0,07 kg/m2 en el IMC en el percentilo 10 del IMC, en comparación con una reducción de 0,17 kg/m2 en el IMC en el percentilo 50 del IMC, y una reducción de 0,28 kg/m2 en el IMC en el percentilo 90 del IMC (Modelo 2). Las asociaciones en todos los percentilos del IMC fueron similares después de ajustar por raza y  educación de la madre (Modelo 3), auto-reporte de AFMV (Modelo 4), y tiempo frente a la pantalla (Modelo 5).
Para facilitar la interpretación de los coeficientes presentados, se describieron las distribuciones del IMC en las olas 0 y 7. Se describió la distribución del IMC predicha si todos los adolescentes acumularan 8,1 horas de sueño por día a los 14 años y 7,5 horas de sueño por día a los 18 años. También se analizó la distribución del IMC si todos los adolescentes acumularan 10,0 horas de sueño por día en cada edad. Se observó una fuerte asociación negativa entre la duración del sueño y el IMC en el extremo superior de la distribución, que se tradujo en un desplazamiento hacia la izquierda del extremo superior de la distribución del IMC con más horas de sueño.
Discusión
El presente estudio fue diseñado para investigar el efecto de la duración del sueño en los cambios en el IMC desde mediados a finales de la adolescencia. Es importante destacar que se observó una amplia muestra de adolescentes durante más de 8 olas de estudio y se consideró la total distribución del IMC. Se halló que el menor sueño se asoció con mayores aumentos en el IMC de los 14 a los 18 años, pero la asociación no fue uniforme a lo largo de la distribución del IMC. El menor sueño se asoció más fuertemente con un aumento del IMC en el extremo superior, en comparación con el extremo inferior de la distribución.
Esto proporciona una fuerte evidencia de que la duración del sueño es un importante factor de riesgo de obesidad adolescente y que es especialmente importante asegurarse que los adolescentes en la mitad superior de la distribución del IMC a los 14 años acumulen suficientes horas de sueño y que también mantengan suficientes horas de sueño en toda la adolescencia. Se recomienda que los adolescentes duerman entre 8,5 a 10,5 horas por día. En base a estos resultados, dormir durante 10 horas al día vs. 8 horas al día podría reducir la proporción de adolescentes con un IMC ≥ 25 en un 3% a los 14 años y en un 4% a 6% a los 18 años de edad. La prevalencia de la obesidad adolescente aumentó en un 7,5% entre 1991 y 2008; a nivel poblacional, una reducción del 4% en la proporción de adolescentes con un IMC ≥ 25 se  traduce en ~ 500000 niños de 14 a 18 años de edad menos con sobrepeso. Por lo tanto, el aumento del tiempo promedio dedicado a dormir cada noche en 2 horas a través de mediados y finales de la adolescencia podría tener un impacto significativo en la prevención de la obesidad.
Dos estudios longitudinales más pequeños reportaron asociaciones entre el menor tiempo de sueño al inicio y el aumento de la probabilidad de ser clasificado como obeso en el seguimiento. Seegers y col. observaron 1916 preadolescentes de 10 a 13 años de edad y hallaron que aquellos en el grupo con baja trayectoria de sueño eran 3 veces más tendientes a ser obesos, en comparación con aquellos en el grupo con mayor trayectoria de sueño. Similarmente, Silva y col. reclutaron 304 niños (6-12 años de edad) que fueron seguidos durante un periodo de 5 años (10 a 18 años de edad), y observaron que dormir < 7,5 horas por día al inicio del estudio, en comparación con ≥ 9,0 horas por día al inicio del estudio, se asoció con una probabilidad tres veces mayor de ser obeso durante el seguimiento.
Los resultados de los autores son consistentes con estos resultados y amplían la investigación siguiendo adolescentes durante un periodo de tiempo más largo y estudiando la distribución total del IMC. Sin embargo, un estudio reportó una asociación nula entre la duración del sueño y la obesidad definida por el IMC a los 2 años de seguimiento en una muestra de 13568 adolescentes. Sería de interés para el estudio de la distribución del IMC en esa muestra de adolescentes determinar si la asociación entre la duración del sueño y los cambios en el IMC fueron uniformes en toda la distribución del IMC.
Es importante tener en cuenta que las asociaciones observadas por los autores entre la duración del sueño y el IMC permanecieron después de ajustar por el tiempo frente a la pantalla y la actividad física. Esto implica que más horas de sueño podrían contribuir a la prevención de la obesidad en los adolescentes, incluso si las directrices sobre el tiempo frente a la pantalla y sobre la actividad física son cumplidas. Es una limitación que los autores no pudieran incluir cualquier medida del consumo dietario en este estudio, y no se puede excluir la posibilidad de que estos hallazgos se expliquen, en parte, por aumentos en la ingesta calórica con un menor sueño. Sin embargo, la asociación entre menos horas de sueño y obesidad en la adolescencia reportada por Silva y col. fue ajustada por la ingesta calórica, lo que implica que más horas de sueño podrían contribuir a la prevención de la obesidad en la adolescencia, incluso para los que consumen un exceso de calorías.
Se ha propuesto que el menor sueño aumenta el IMC adolescente disminuyendo la actividad física, como consecuencia de la fatiga y los cambios hormonales que regulan el gasto de energía, y del aumento de la ingesta de energía, como consecuencia de más oportunidades de alimentación y los cambios hormonales que regulan el consumo de energía. Por lo tanto, es sorprendente que el ajuste para las variables del balance de energía no redujera las asociaciones observadas entre la duración del sueño y los cambios en el IMC adolescente. Los futuros estudios podrían ajustarse por la duración del sueño, la actividad física y el comportamiento sedentario medidos objetivamente, así como por la ingesta calórica, para investigar este mecanismo con más detalle.
Por otra parte, la asociación observada podría explicarse por el corto sueño que interrumpe los ritmos circadianos. Los adolescentes con sueño de corta duración pueden ser más tendientes a estar despiertos de noche y a estar expuestos a la luz durante el ciclo de oscuridad. Esto podría afectar el reloj central, que a su vez podría afectar el reloj periférico en el tejido adiposo, llevando a un tiempo anormal de diferenciación de los adipocitos y a la liberación de adipoquinas. En apoyo, un estudio de sección transversal observó que los adolescentes que se acuestan tarde tienden a tener IMCs más altos, independientes de la duración del sueño, en comparación con los adolescentes que van a la cama temprano. Para probar si esta hipótesis del ritmo circadiano explica la relación entre la duración del sueño y el peso adolescente, los futuros estudios podrían controlar específicamente la exposición a pantallas electrónicas durante la noche, y la ingesta nocturna de alimentos; e investigar si las variantes de genes reloj (por ejemplo, CLOCK y BAML1) modifican la asociación entre la duración del sueño y el IMC adolescente.
Educar a los adolescentes sobre los beneficios del sueño e informarlos sobre prácticas de higiene del sueño ha mostrado tener poco impacto en la duración del sueño adolescente. Una revisión de programas de educación del sueño basados en la escuela no halló evidencia de que tales programas condujeran a un aumento de la duración del sueño entre adolescentes. Alternativamente, las escuelas pueden ayudar a aumentar la duración del sueño adolescente retrasando el inicio de la jornada escolar. Owen y col. reportaron un aumento de 45 minutos por día en el sueño al retrasar el inicio del día escolar de 8:00 a 8:30 hs. Fuera de la escuela, los datos observacionales sugieren que la modificación del ambiente del dormitorio, por ejemplo removiendo los medios de comunicación electrónicos del mismo, puede ser importante para el aumento de la duración del sueño de los adolescentes, aunque ningún estudio parece haber probado experimentalmente si estos cambios conducen a un aumento en el sueño entre los adolescentes. Esta es un área de investigación que necesita ser desarrollada para ayudar a determinar los mejores enfoques para aumentar la duración del sueño entre los adolescentes.
El estudio longitudinal de los autores tiene varias fortalezas. Se siguieron a los adolescentes durante más de 8 olas de estudio, mientras que estudios longitudinales previos incluyeron sólo 2 olas de estudio. El método analítico permitió la investigación de la duración del sueño en los extremos de la distribución del IMC, y los autores han sido capaces de determinar como la duración del sueño afecta la forma de la distribución del IMC. Este estudio también tiene limitaciones. La duración del sueño fue auto-reportada, y los autores no fueron capaces de medir la calidad del sueño. Los participantes auto-reportaron su altura y peso, y se requiere la replicación de estos hallazgos utilizando el IMC calculado a partir de la altura y el peso medidos objetivamente. Si estos datos auto-reportados pueden ser corroborados con datos de seguimiento objetivos, esto ayudaría a establecer a la duración del sueño como un importante factor de riesgo de obesidad en adolescentes. Se realizaron ajustes para covariables claves, pero puede permanecer cierta confusión residual debido a covariables faltantes, tales como la ingesta  calórica. Los participantes fueron reclutados de una sola región de los Estados Unidos, y se requieren nuevos intentos para replicar estos hallazgos en otras poblaciones de adolescentes.
En resumen, los autores realizaron un análisis de regresión cuantil longitudinal para evaluar la asociación entre la duración del sueño y el IMC. Utilizando este novedoso método, se halló que la menor duración del sueño se asoció con mayores incrementos en el IMC adolescente de los 14 a los 18 años de edad, con una asociación más fuerte en el extremo superior de la distribución del IMC. Este es un hallazgo importante y sugiere que el aumento de la duración del sueño, especialmente para aquellos en la mitad superior de la distribución del IMC, podría ayudar a reducir la prevalencia de la obesidad en la adolescencia.
 
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Publicado por en 17 julio, 2013 en nutricion, obesidad, Pediatria

 

¿Resulta efectivo administrar suplementos de cinc a los niños con diarrea?

Artículo original: Oral zinc for treating diarrhoea in children. Lazzerini M y Ronfani L.

Cochrane Database of Systematic Reviews 2013, 1: CD005436.

 
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Publicado por en 14 junio, 2013 en Pediatria, salud

 

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Abuso sexual y emocional deja cicatriz en el cerebro

Abuso(TIME.com) – Infancia emocional y abuso sexual marca en el cerebro de las mujeres distintos patrones – con el abuso emocional que afecta a regiones que participan en la auto-conciencia y el abuso sexual que afecta a las áreas involucradas en la sensación genital, según una nueva investigación.

El estudio vincula los tipos específicos de abuso a los síntomas experimentados por muchos sobrevivientes más tarde en la vida.

La investigación , que fue publicada en el American Journal of Psychiatry, ha fotografiado los cerebros de 51 mujeres en Atlanta que participaban en un proyecto más amplio sobre los efectos del trauma temprano.

Veintiocho de los participantes habían sido gravemente maltratados cuando eran niños, que sufrieron de diversas combinaciones de negligencia y el abuso emocional, físico y sexual. Los otros 23 experimentaron o bien recibieron malos tratos o muy poco. Las mujeres tenían edades comprendidas entre 18 y 45 años, pero la edad promedio fue de 27.

Un cuestionario estándar en trauma infantil se utilizó para evaluar las experiencias en la infancia temprana de las mujeres, y sus cerebros fueron escaneados para medir el espesor de las diversas regiones de la corteza.

El Espesor cortical está relacionada con el desarrollo del cerebro, con las regiones más gruesas generalmente sugiere un crecimiento saludable. El cerebro, al igual que los músculos, se desarrolla por el uso – por lo que las regiones que se han “ejercido” más tienden a ser más grande.

Pero el abuso puede interferir con el desarrollo. Para hacer frente a abrumadoras experiencias de angustia, el cerebro puede alterar los patrones de señalización de las vías implicadas, que en última instancia pueden salir de las regiones subdesarrolladas de la entrada reducida. El cerebro de un niño que es violado, por ejemplo, puede reaccionar reduciendo la conectividad de las regiones que resultaron heridas.

“Si el abuso fue de tipo sexual, hemos visto cambios en la corteza somatosensorial, el área que procesa la entrada desde el cuerpo para crear sensaciones y percepciones”, dice Jens Pruessner, profesor asociado de psiquiatría de la Universidad McGill en Montreal .

Áreas somatosensoriales crean un mapa del cuerpo en el cerebro, con cada sensación de procesamiento regional de partes específicas del cuerpo. En comparación con las mujeres no maltratadas, “las mujeres que fueron sexualmente abusadas ​​habían tenido adelgazamiento en la zona donde se localizaron los genitales”, menciona.

Aunque la prevalencia varía en función de la gravedad y la cantidad de abusos, muchos sobrevivientes de abuso sexual reportan problemas sexuales en la edad adulta, incluyendo reducciones en el deseo y la sensación, a veces sufren  dolor genital crónico.

“Hay algunos estudios que sugieren que el adelgazamiento de la corteza (en esas regiones) que se asocia con un umbral de dolor reducido, por lo que se percibe más fácilmente el dolor en lugar de contacto de esa zona”, dice Pruessner. Algunas de las mujeres mostraron reducción cortical en las regiones asociadas con la cara y la boca, lo que podría resultar del abuso de esas áreas.

El abuso emocional dejó otro tipo de cicatriz. En este caso, los cambios se observaron en las regiones asociadas con la comprensión y el control de las emociones y de reconocer y responder a los sentimientos de los demás.

“Nosotros investigamos en áreas de adelgazamiento que tienen que ver con la auto-conciencia y la regulación emocional, las áreas de la corteza prefrontal y el lóbulo temporal medial, que normalmente muestran activación cuando la gente les pide que piensen acerca de sí mismos o de reflexionar sobre sus emociones”, dice Pruessner.

El abuso emocional puede dejar a sus víctimas propensos a la depresión, mal humor y capacidad de respuesta emocional extrema o embotado, dependiendo de la persona y de las circunstancias particulares. “Como adultos, (tienen dificultad) de reflexionar sobre sí mismos y encontrar la manera correcta de tratar con las emociones”, dice Pruessner.

“En caso de repetirse, estos datos proporcionan pruebas concluyentes sobre los efectos estructurales duraderos en el cerebro en función de la experiencia de la vida temprana”, dice la Dra. María Oquendo, profesora de psiquiatría en la clínica en la Universidad de Columbia, y sus colegas escribieron en un editorial que acompaña al estudio .

Este estudio no siguió a las mujeres desde la infancia, por lo que no puede probar que el abuso ha causado los cambios en estas regiones.Es posible, por ejemplo, que el adelgazamiento en estas regiones cerebrales resultados de evasión después de la experiencia sana – abstenerse de tener relaciones sexuales, incluso en una buena relación, por ejemplo – y no del abuso inicial.

En el abuso emocional y sexual, una disminución de la conectividad de las regiones que están abrumados por el maltrato puede ser interpretado como una respuesta de autoprotección. Sin embargo, en última instancia, puede resultar perjudicial, ya que interfiere con la subsiguiente experiencia y sensación saludable.

Los cambios observados no fueron pequeños: Pruessner dice que si una región típicamente era de 5 milímetros de espesor en promedio, en los sobrevivientes de abuso era sólo de 3 a 4 milímetros. “El tamaño del efecto fue bastante significativo”, añade.

Pero eso no quiere decir que la recuperación es imposible. La mayoría de los sobrevivientes de abuso no presentan síntomas, de hecho, la investigación muestra cada vez que el cerebro puede cambiar drásticamente cuando se les proporciona el tipo de apoyo y sustento emocional.

Entender lo que va mal durante y después del abuso, los investigadores creen, les ayudará a encontrar la manera de hacer las cosas bien. “Esa es nuestra esperanza a largo plazo”, dice Pruessner.

Fuente: Time.com

 
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Publicado por en 7 junio, 2013 en Abuso, Pediatria

 

La Academia Americana de Pediatría, a favor del matrimonio civil entre personas del mismo sexo y la adopción homoparental

aapHistórico pronunciamiento de la Academia Americana de Pediatría (AAP), que se ha expresado de forma oficial a favor del derecho de las parejas del mismo sexo a contraer matrimonio civil y a favor de que estas parejas gocen de derechos plenos de acogimiento y adopción de menores en las mismas condiciones que las parejas de distinto sexo.

El pronunciamiento de la AAP, organización profesional que agrupa a unos 60.000 pediatras estadounidenses, ha sido publicado en la revistaPediatrics (puedes descargarlo click aquí) y expone como la evidencia científica disponible permite asegurar que no hay relación alguna entre la orientación sexual de los padres y el desarrollo emocional, psicosocial y conductual de los hijos.

Pero la AAP no solo se limita a constatar este hecho -ya suficientemente contrastado: hace solo unos días nos hacíamos eco del enésimo estudio en ese sentido-, sino que va más allá y reclama el fin de la discriminación de las familias homoparentales teniendo en cuenta que factores que sí pueden tener influencia sobre el normal desarrollo y salud mental de los hijos son el estrés de los padres, su grado de estabilidad económica y social, el acceso a los recursos comunitarios o la existencia de discriminación.

En este sentido, la AAP se posiciona en contra de la DOMA (Defense of Marriage Act, la ley que prohíbe a la administración federal estadounidense reconocer en su ámbito competencial los matrimonios entre personas del mismo sexo) y justifica el hecho de haberse sumado, junto a otras personas y organizaciones, a la petición al Tribunal Supremo de Estados Unidos -que en breve deberá decidir sobre la materia- para que esta ley sea declarada inconstitucional.

El pronunciamiento de la AAP va acompañado de la publicación, también en Pediatrics, de un completo informe técnico y de revisión de la literatura disponible sobre la materia, que puedes descargar desde este enlace.

No se trata, conviene precisar, de la primera vez que la AAP se posiciona, con argumentos racionales, a favor de la homoparentalidad y del reconocimiento de los derechos LGTB.

En el pasado se ha posicionado en contra de las “terapias reparadoras” de la homosexualidad y a favor de medidas para combatir la exclusión de los adolescentes LGTB en los centros escolares. Pero sí constituye su pronunciamiento más claro y rotundo a favor de la estricta igualdad jurídica de las familias LGTB en un momento clave para la evolución de sus derechos en Estados Unidos.

 
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Publicado por en 7 junio, 2013 en Pediatria

 

¿Qué es El síndrome de Munchausen?

 

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El síndrome de Munchausen es una forma particular del maltrato infantil, aparece generalmente en familias disfuncionales o padres desajustados que en su mayoría presentan bajos niveles culturales y educacionales. Es el resultado de un largo período de maltrato que comienza de forma pasiva y termina poniendo en peligro real la vida del niño. El Síndrome Munchausen fue descrito por Ascher en 1951 y se descubre en el niño por Meandow en 1979, su diagnóstico resulta difícil precisamente por las circunstancias que lo tipifican así como por su variabilidad, Este trastorno casi siempre involucra a una madre que abusa de su niño buscándole, o para ella misma, atención médica innecesaria. Se trata de un síndrome raro, poco comprendido cuya causa es desconocida.

La madre puede simular síntomas de enfermedad en su niño añadiendo sangre a su orina o heces, dejando de alimentarlo, falsificando fiebres, administrando subrepticiamente eméticos o catárticos para simular vómitos o diarrea. También puede usar otras maniobras como infectar las líneas intravenosas para que el niño aparente o en realidad esté enfermo.

Estos niños suelen ser hospitalizados por presentar grupos de síntomas que no parecen ajustarse a enfermedad clásica alguna. Con frecuencia, a los niños se les somete a exámenes, cirugías u otros procedimientos molestos e innecesarios.

En el hospital, la madre es muy colaboradora y apreciada por el personal de enfermeras por el cuidado que le da al niño. Comúnmente se la ve como devota y de una abnegación poco común, lo que hace poco probable que el personal médico sospeche el diagnóstico real.

Sus visitas frecuentes también le dan fácil acceso para poder inducir más síntomas. Los cambios en el examen físico o signos vitales nunca son presenciados por el personal del hospital, pero casi siempre ocurren en presencia de la madre.

El síndrome de Munchausen ocurre por problemas psicológicos del adulto y es generalmente un comportamiento que busca llamar la atención de los demás. Sin embargo, el síndrome puede atentar contra la vida del niño involucrado ya que este comportamiento inusual puede llegar hasta el punto de daño físico grave e incluso la muerte.

Discusión

Para el diagnóstico de este síndrome es necesario en primer lugar la ínter consulta con personal especializado en psiquiatría pediátrica de varios años de experiencia ya que son disímiles formas de presentación a las que los profesionales se exponen. Como se puede observar los síntomas varían entre:

• Antecedentes médicos dramáticos e inconsistentes

• Síntomas poco claros e incontrolables

• Recaídas después de mejorías de la condición

• Conocimiento extenso de hospitales y terminología médica

• Múltiples cicatrices quirúrgicas

• Aparición de nuevos síntomas después de resultados negativos de pruebas

• Historial de tratamientos en numerosos hospitales, clínicas, y consultorios médicos

• Intentos de evitar la comunicación entre proveedores del cuidado de la salud anteriores y actuales, y entre proveedores de cuidado de salud y miembros de la familia

• Síntomas que aparecen sólo cuando el paciente está solo o no está siendo observado

• Insistencia e incluso entusiasmo sobre pruebas o procedimientos médicos

• Señales y síntomas de la enfermedad auto-infligidos/simulados

• Los síntomas del niño no se ajustan a ningún cuadro de enfermedad clásica o no concuerdan entre sí.

• Los síntomas del niño mejoran en el hospital pero recurren al regresar al hogar.

• La sangre en las muestras de laboratorio no concuerda con el tipo de sangre del paciente.

• Evidencias inexplicables de drogas o sustancias químicas en el suero, en las heces o en la orina.

• Comportamiento excesivamente atento y “voluntarioso” de la madre o el padre, lo cual puede levantar sospechas a la luz de otros hallazgos.

• A menudo, la persona está involucrada en un campo de la salud, como la enfermería.

 
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Publicado por en 5 junio, 2013 en Pediatria

 
 
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